El crecimiento del cultivo en Uruguay acompaña una demanda interna que ya supera el millón de toneladas y que tiene en la lechería uno de sus principales destinos. La producción nacional se estime que supere las 300.000 hectáreas, aunque el precio continúa muy vinculado al mercado regional.

El maíz ocupa un lugar cada vez más relevante en los sistemas de producción animal y la lechería no es ajena a esa tendencia. Con una demanda interna que continúa creciendo y una superficie sembrada que podría alcanzar un nuevo récord, el cereal se consolida como un componente estratégico para la alimentación y, por lo tanto, como un factor a seguir de cerca por los productores lecheros.

Según explicó Federico Morixe, director de Fimix Agrofinanzas, el consumo de maíz en Uruguay ya superó el millón de toneladas. La ganadería de carne representa entre 30% y 40% de esa demanda, mientras que la lechería participa con aproximadamente 25% a 30%.

Las proporciones no son estáticas y responden a la evolución de los precios y a la situación particular de cada cadena. En el caso de la ganadería de carne, por ejemplo, el crecimiento de los corrales y de los sistemas de encierro ha impulsado el consumo de grano. “Cada vez hay más corrales, más encierro, y eso dispara un poco el consumo”, señaló Morixe.

Para la lechería, esta competencia por el cereal adquiere relevancia porque el precio del maíz forma parte de la ecuación económica de las dietas y puede modificar las decisiones de compra de los establecimientos.

El crecimiento de la producción

La oferta nacional también viene aumentando. El área de maíz superó las 200.000 hectáreas en 2020, llegó a 250.000 en 2023 y desde entonces se ha mantenido cercana a las 300.000 hectáreas. Para la actual campaña, las estimaciones apuntan incluso a superar ese registro y alcanzar una nueva superficie récord.

El crecimiento resulta significativo si se considera que el cultivo atravesó en los últimos años diferentes situaciones climáticas adversas. Una mayor área sembrada permite incrementar la disponibilidad doméstica y puede generar una mayor oferta durante los meses de cosecha.

Es precisamente en ese período cuando el mercado uruguayo presenta una particularidad. Habitualmente, el precio se establece tomando como referencia la paridad de importación, pero cuando ingresa la producción nacional esa referencia puede perder fuerza temporalmente.

La razón está en los costos asociados al ingreso del cereal desde el exterior. El maíz producido localmente evita buena parte de esos costos logísticos, aunque debe afrontar otros, como el secado y el acondicionamiento.

Comprar, almacenar o asegurar el suministro

Para los productores lecheros, el período de cosecha abre una instancia de decisión sobre el abastecimiento del cereal. Contar con capacidad de almacenamiento permite comprar una mayor proporción de las necesidades cuando existe disponibilidad, pero mantener el grano durante varios meses también tiene costos y no elimina el riesgo de una eventual caída de precios.

Otra alternativa es recurrir a acuerdos de suministro con empresas o usuarios del cereal, estableciendo previamente precios o fórmulas de comercialización para diferentes momentos.

En todos los casos, la estrategia dependerá de las condiciones particulares de cada establecimiento, de su capacidad de almacenamiento y de la evolución esperada de los mercados. En un sistema lechero, donde la alimentación debe sostenerse durante todo el año, la previsibilidad del abastecimiento puede tener un valor tan importante como el precio puntual de compra.

Argentina y Paraguay marcan el pulso

Cuando la producción nacional deja de estar disponible, el mercado uruguayo vuelve a mirar hacia la región. Argentina y Paraguay son proveedores relevantes de maíz, aunque con diferentes incidencias logísticas.

En el caso argentino, la referencia se construye a partir del valor del grano, al que se suman el transporte y los costos de nacionalización. Morixe recordó que Uruguay ha atravesado períodos en los que el maíz importado llegó a valores de US$ 320-340 por tonelada, mientras que en otros momentos se ubicó en torno a US$ 180-190.

Paraguay también cumple un papel importante, aunque la distancia y el costo del transporte tienen una mayor incidencia sobre el precio final.

Esta dependencia regional explica, en buena medida, por qué una mayor producción uruguaya no significa necesariamente que el precio interno vaya a desvincularse de lo que ocurre en los países vecinos. Uruguay continúa necesitando importar parte del volumen que consume y, por esa razón, el mercado internacional y regional mantiene una fuerte influencia.

El clima será otro factor

La nueva campaña llega acompañada por expectativas favorables respecto a los rendimientos, aunque el clima también puede generar dificultades en el tramo final del cultivo.

Un exceso de lluvias durante la cosecha puede incrementar la humedad del grano y generar problemas de calidad, además de elevar los costos de secado y acondicionamiento.

“Los años Niña siempre favorecen a la producción, siempre y cuando no salga de mala calidad por exceso”, señaló Morixe.

Por eso, el resultado de la campaña no dependerá únicamente de cuántas hectáreas se planten. También serán determinantes los rendimientos obtenidos y las condiciones en las que finalmente ingrese el grano al mercado.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *